El Comité Económico y Social Europeo (CESE) ha puesto el foco en las implicaciones que la creciente adopción de la inteligencia artificial (IA) tiene sobre el ejercicio de las profesiones liberales, en un momento clave de transformación tecnológica. En un dictamen reciente, el CESE advierte de la necesidad urgente de establecer marcos éticos, jurídicos y formativos que garanticen un uso responsable de estas tecnologías en sectores sensibles como la medicina, el derecho, la arquitectura, la psicología o la traducción, entre otros.
Según el CESE, la IA está modificando de forma acelerada las dinámicas laborales de las profesiones liberales, tradicionalmente vinculadas al conocimiento experto, el juicio crítico y la relación directa con la ciudadanía. Herramientas como sistemas de diagnóstico asistido, generadores automáticos de contratos o plataformas de aprendizaje adaptativo están optimizando procesos y mejorando la eficiencia, pero también plantean interrogantes fundamentales sobre la responsabilidad profesional, la calidad del servicio y la protección de datos personales.
En este contexto, el CESE subraya que la inteligencia artificial debe concebirse como una herramienta complementaria, nunca sustitutiva, del profesional humano. La supervisión experta es, en su opinión, irrenunciable, especialmente en situaciones donde se toman decisiones que afectan directamente a la salud, los derechos o la seguridad de las personas.
El dictamen del Comité recomienda impulsar políticas europeas que aseguren la transparencia de los algoritmos, la equidad en el acceso a estas tecnologías y la rendición de cuentas en caso de fallos. Asimismo, hace un llamado a los colegios y organizaciones profesionales para que integren la formación en IA en sus programas de desarrollo profesional continuo, promoviendo una cultura tecnológica crítica, ética y colaborativa.
Por último, el CESE insiste en que el despliegue de la IA en las profesiones liberales debe contar con una gobernanza participativa, en la que los propios profesionales tengan voz en la definición de los límites, usos y estándares técnicos de estas herramientas. Solo así —sostiene— será posible garantizar que la transformación digital de las profesiones se alinee con los valores fundamentales del servicio público, la justicia y el bienestar colectivo.